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05/04/2010 - Agencia Voces/ Diario de Avisos.com

Ángeles con fusil

Santa Cruz de Tenerife. El 20 de abril de 2008, el buque atunero español Playa de Bakio fue secuestrado por una banda de piratas a 460 millas de las costas de Somalia. Sus 26 tripulantes, 13 de ellos españoles, vivieron una auténtica pesadilla durante una semana, un cautiverio que sólo terminó cuando el armador del barco pagó un rescate de más de 770.000 euros.

Dieciocho meses después, otro pesquero español, el Alakrana, fue abordado cuando se hallaba faenando en aguas internacionales. Tras 47 días de secuestro, el atunero fue liberado tras el pago de un rescate de 2,6 millones de euros, buena parte de los cuales salieron de los fondos reservados del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

 

Tras aquel controvertido incidente, que puso en entredicho al Gobierno español, el Ministerio de Defensa decidió permitir a la flota española que faena en el Índico, la presencia de seguridad privada armada en los buques. Uno de estos soldados de fortuna es el grancanario Manuel Artiles Sánchez, de 38 años, un ex militar que cumple su segunda campaña en el pesquero vizcaíno Elai Alai.

 

Después de trabajar como escolta en el País Vasco, y con una amplia formación en países como Israel, Colombia y Estados Unidos, Manuel Artiles decidió embarcarse en un nuevo y complicado reto personal. A pesar de tener su propia empresa de seguridad en Las Palmas y de llevar una vida relativamente cómoda, su afán por el riesgo lo llevó a presentarse en septiembre de 2009 a las pruebas de selección llevadas a cabo por Defensa en la Escuela de Infantería de Marina de Cartagena.

 

Por su perfil y experiencia militar, fue uno de los primeros guardias de seguridad escogidos por el Gobierno y Segur Ibérica, una de las dos empresas concesionarias del servicio de escolta de la flota española en el Índico. "Como dice mi familia, soy un culo inquieto", relata Manuel Artiles por teléfono a este periódico desde el Elai Alai.

 

El atunero partió hace tres semanas desde las Islas Mauricio rumbo al Canal de Mozambique, una de las zonas donde más ataques piratas se han producido en los últimos tres años. "Tiene que haber gente para todo, aunque a mí me gusta mi trabajo", subraya el militar grancanario, quien junto a otros dos compañeros se encarga de velar por la seguridad de la tripulación del barco. "Nuestro deber es la protección, como medio disuasorio.

 

En un primer momento, ante posibles ataques, lo que se busca es presentar las armas, que sepan que hay gente armada en el barco; se realizan disparos de advertencia al aire, para evitar la confrontación. Pero, si a pesar de todo nos atacan, nuestra misión es defendernos", incide Manuel Artiles, quien puede utilizar armamento con munición igual o superior a 12 milímetros.

 

Tensión continua

 

 En su primera campaña en el Elai Alai, el guardia de seguridad canario no llegó a tener ningún enfrentamiento ni problemas de piratería, aunque en varias ocasiones vislumbró la presencia de esquifes (embarcaciones rápidas) somalíes. "Ahora llevamos tres semanas navegando, y de momento tampoco hemos tenido incidentes", recalca Manuel Artiles, quien estará hasta junio realizando su labor en alta mar.

 

"Se nota mucho la tensión, porque en los últimos meses se han incrementado mucho los ataques", denota el militar canario, quien reconoce que "siempre tenemos ese desasosiego, porque puede ocurrir en cualquier momento". No en vano, los piratas somalíes están operando ya por casi todo el Oceano Índico, usando los propios barcos secuestrados como nodrizas.

 

"No sólo se producen ataques a buques españoles, sino también a pesqueros de otras nacionalidades", arguye Manuel Artiles, quien insiste en que "siempre tienes el miedo de que tu barco pueda ser el próximo". Por eso, Artiles y sus dos compañeros de seguridad, realizan guardias de 24 horas.

 

 "Los marineros se sienten más seguros con nuestra presencia", explica el ex escolta, quien asegura que "desde un primer momento ha habido una buena relación con ellos, y el hecho de que haya personas pendientes del horizonte en todo momento, les permite realizar su trabajo con más tranquilidad y también poder descansar". El contramaestre del Elai Alai, Ángel Fernández, suscribe las palabras de Manuel Artiles. Este vasco de 53 años sufrió en sus carnes el secuestro del Alakrana el pasado año.

 

En contra de algunas informaciones que cuestionan la adecuada instrucción de estos soldados de fortuna, Fernández deja claro que se trata de "auténticos profesionales". "Ahora trabajamos más tranquilos. Había dudas por lo que dijo la prensa, de que había vigilantes del Carrefour o camioneros, pero son patrañas. Son muy profesionales", apostilla.

 

Medio hostil

 

Ángel Fernández aclara que los barcos podrán volver a faenar en las zonas de pesca habituales desde el año 1990, después de que la flota atunera abandonase el caladero somalí en 2005. "Ahora que tenemos seguridad y volvemos a pescar donde siempre, en aguas internacionales", indica el contramaestre del Elai Alai, quien permaneció seis días de cautiverio en manos de los piratas somalíes.

 

En un primer momento, los servicios de seguridad de los barcos españoles los hacían guardias extranjeros, pero ahora la mayoría son nacionales. "Aquí también hay muy buenos profesionales, y el Gobierno y las empresas lo están teniendo en cuenta", sostiene Manuel Artiles, quien no obstante reconoce que "han venido algunos que no daban el perfil, porque esto es muy duro". "No es un servicio de 8 horas porque, para empezar, se trata de un medio hostil.

 

La adaptación al barco es muy complicada, porque son 4 meses recluido, y tienes que estar alerta las 24 horas. Yo, a veces, me acuesto vestido y con el fusil al lado", incide el soldado grancanario, quien reitera que "no hay horarios ni pautas marcados, porque en cualquier momento del día o de la noche puede producirse un ataque". Por ello, Manuel Artiles afirma que "hay que tener la cabeza muy amueblada y saber aguantar la presión.

 

Debes tratar de estar todo el día ocupado, estudiando, entrenando o haciendo algo, para que esto no se te haga interminable. Porque cuatro meses en el barco es como un año en tierra. Los días son eternos. Miras al horizonte y lo único que ves es agua.

 

No puedes obsesionarte con nada, ni traer tus problemas aquí, porque te vas creando tal obsesión que te puede desquiciar", subraya el guardia de seguridad, el único canario entre los 54 agentes de seguridad formados por el Ministerio de Defensa para proteger a los marineros de posibles ataques piratas.

 

En su opinión, su labor no tiene precio. "Cuando hablamos de la vida de una persona, no hay nada que merezca la pena. Puedes cobrar 1.000 o 100.000 euros, pero la vida no tiene precio". "Esto se hace porque te gusta y te nace, y si empiezas a mirar detalles como el dinero o el poder estar tranquilo en casa con la familia, no lo harías", expone. "Cuando estaba de escolta en el País Vasco, podías sufrir un atentado en cualquier momento, y tampoco merecía la pena.

 

Pero tiene que haber gente para todo. A mí no me falta un plato en la mesa y podría trabajar tranquilamente en Las Palmas en mis empresas, pero hago esto porque me gusta", concluye.

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